Poliamoria.com

Complementariedad en relaciones afectivas

Dr. Luis Espinosa Cerón

Las relaciones afectivas entre dos personas (pareja) o más (grupo), implican en su interacción aspectos de cariño, intimidad y sexualidad (aunque no necesariamente), pero también muchos otros aspectos que se derivan de su convivencia y que incluso llegan a adquirir más relevancia. Observamos que la interacción entre los miembros es la dinámica fundamental que liga, produce o estructura la relación implicando mecanismos antagónicos que han sido poco discutidos, y que es útil exponer.

La interacción en la naturaleza surge del dinamismo entre dos fuerzas antagónicas que impulsan respectivamente, el aumento y la disminución de cualidades o energías cualitativas (Lupasco). Por el aumento, se manifiestan, expresan o surgen cualidades produciendo cierto beneficio, y en el otro sentido, por la disminución, se restringen, reprimen o desaparecen cualidades perdiendo beneficio. En la naturaleza, la complejidad de estos beneficios puede verse como la vida misma y su disminución como la muerte. Específicamente al referirnos a relaciones afectivas, implican el aumento o disminución en sus propios beneficios, igualmente gobernados por dinámicas antagónicas.

La perspectiva de la interacción es una abstracción de un fenómeno complejo, que en un sentido implica la relación de entidades diferentes, esto es la interacción entre personas unas con otras, pero en otro sentido, implica la relación entre las personas (partes) y los grupos (conjuntos) que generan. De esta manera el dinamismo antagónico pude contemplarse en la interacción de unas personas con otras como también, entre cada una de ellas con el grupo que integran.

El fenómeno de aumento de cualidades se puede entender como manifestación y como emergencia. Manifestación por la aportación individual y ascendente de cualidades al conjunto. Emergencia ( Morin) cuando surgen nuevas cualidades en la interacción, que ninguna de las partes poseía por separado antes de la interacción, fenómeno que podemos contemplar también como una forma de “manifestación”, en este caso descendente, del conjunto a las partes, cuando el conjunto acarrea cualidades producto de su meta-interacción con otros conjuntos al interior de sus partes, esto es, al nivel de la interacción personal. La emergencia también ocurre en el sentido horizontal de las relaciones, cuando cualidades benéficas producto de cierta interacción son llevadas por una misma persona, al seno de otras relaciones simultáneas; este concepto es una noción a favor de la diversidad (de la que hablaremos adelante) al aportar beneficios a todo el conjunto de relaciones que simultánea e independientemente concurren alrededor de una persona.

Podemos contemplar en la interacción entre personas que ciertas cualidades individuales llegan a expresarse o manifestarse produciendo algún beneficio a la otra u otras personas relacionadas, y como tal resultan en una contribución bien aceptada por todos, y por ello, interactúan en alguna medida para favorecerla. El aumento se produce cuando esas cualidades manifiestas contribuyen a incrementar el beneficio cualitativo en las personas participantes respecto a alguna condición fuera de esa relación. Sin embargo, si hubiera cualidades en la persona que resultaran perjudiciales, a una u otra parte, cada uno de los afectados actuaría en contra de su manifestación, para frenarlas o suprimirlas —cuando estoy con mis amigas se puede hablar de muchas cosas, excepto de política y de fútbol, simplemente les disgusta—, es por ello que en consideración a su propio beneficio, las personas al interactuar impulsan o refrenan la manifestación de cualidades de las personas relacionadas. Una interacción equilibrada contemplaría cierto aumento, cierto incremento del beneficio en la ecuación de cada participante, de otra forma se observa desigualdad, beneficios asimétricos, que en su mayor extremo percibiríamos como explotación, el beneficio de unos por sobre los demás, en cuyo caso, la desigualdad presagiaría la desintegración de las personas explotadas ante el escaso beneficio. Cuando en una relación son pocas las cualidades manifiestas, ––las que están en juego para todos––, el beneficio queda limitado a dicha escasa manifestación y la relación resulta pobre; por el contrario si son muchas las cualidades manifiestas, la posibilidad de enriquecimiento es mayor y la relación resulta proporcionalmente más beneficiosa; igualmente, podemos observar en sentido antagónico cierta medida de restricción por las limitaciones que impone el grupo produciendo así, relaciones desfavorables proporcionalmente.

Considerando una forma de interacción equilibrada, las cualidades que pueden manifestarse parecen estar limitadas a la compatibilidad entre unos y otros; esto es, a la manifestación de cualidades que producen beneficios positivos en mayor medida y equilibrio entre todos los participantes. Un mayor nivel de compatibilidad significa por un lado, una mayor cantidad de cualidades benéficas para todos, y por el otro, una mayor restricción de las cualidades individuales, por el logro de todos los participantes en impedir cualidades desfavorables, y con ello ayudar el beneficio particular y colectivo. Aunque la compatibilidad busca cierto equilibrio, difícilmente contempla las restricciones y sacrificios individuales, que en algunos casos pueden ser disimétricos —todos vamos al baile, pero el pago de la entrada significa un mayor esfuerzo para algunos. En las relaciones afectivas, observamos que las limitaciones y restricciones son menos evidentes cuando la relación aporta beneficios que dominan la atención y la esperanza, cuando la actividad mental contempla únicamente el beneficio como una ganancia amplia e inagotable. Sin embargo, la perdida o disminución del beneficio, equilibra la reflexión personal, haciendo más evidentes las restricciones cualitativas que imponen los participantes sobre la persona; es entonces, cuando se puede revalorar la balanza de beneficios y restricciones, —me doy cuenta ahora que se derrama el vaso, que mi pareja resulta impositiva. Esta puesta en evidencia o toma de conciencia de la balanza de beneficios y restricciones, aumentos y disminuciones, es la que puede revalorar la intención de participar o interactuar con otra persona o grupo. Desde el punto de vista de la persona, en un mayor o menor grado, toda relación afectiva implica limitaciones por las restricciones a las cualidades propias que no tienen expresión y por el mayor o menor grado de cualidades compatibles en el conjunto. De ello se desprende la dinámica individual para superar las limitaciones ya sea luchando por transformar la relación a su favor, o bien, diversificándose hacia otras relaciones alternas, integrándose a otros grupos o personas, subsecuentes o simultáneas, buscando siempre maximizar o complementar el beneficio propio. La complementariedad parece necesaria ante la imposibilidad de transformar las interacciones que sostenemos, buscando la forma de compensar las limitaciones inevitables que se presentan por medio de otras interacciones que brinden beneficios adicionales y que no tengan esos mismas restricciones. Ciertamente la diversidad de beneficios en interacciones múltiples significa igualmente diversidad de restricciones, pero aporta notoriamente cualidades horizontales emergentes de esa multiplicidad, cuyo mecanismo señalé anteriormente, extendiendo las cualidades de una relación a otra relación distinta, en un encadenamiento que acarrea beneficios al entorno social, de esta manera, al abrir alternativas, la persona sortea las limitaciones y alcanza entre otros beneficios, mayor independencia, libertad y solidaridad. La complementariedad implica el término de adaptabilidad en biología, cuya función igualmente busca compensar las limitaciones inevitables, término que hoy es ampliamente aceptado como una noción fundamental en la evolución de la vida (Maturana y Varela). La complementariedad y la adaptabilidad guardan en las relaciones humanas afectivas, un mismo sentido de enriquecimiento, pues la diversidad de relaciones y de formas de relación parece ser lo común tanto en la historia de la evolución de la vida animal (Parash ) como en la del hombre contemporáneo (). En un estudio etnográfico de 1270 diferentes sociedades humanas, Murdoch observa que cerca del 85% están estructuradas en diferentes formas de parejas múltiples. La cultura occidental en su visión monógama ha extraviado el gran sentido de nuestra evolución social (resultado de la diversidad), en un afán absurdo por glorificar las limitaciones de una sola y exclusiva pareja, con la promesa de un beneficio absoluto, soslayando en el intento, el peso de las limitaciones inevitables.

Si hemos visto surgir a la complementariedad de relaciones afectivas en el devenir de la conciencia que busca extender los beneficios personales al multiplicar las interacciones, es inevitable considerar que tal multiplicación es una alternativa deseable para todos los participantes de un grupo, al tomar conciencia igualmente, de las limitaciones que uno u otro impone ––mi amor, es necesario que otros te quieran, no como yo, sino en forma diferente, y con esos otros adicionalmente, puedas realizar lo que para conmigo es imposible, ya sea esto o lo otro. Podemos así contemplar en la complementariedad, una extensión de la conciencia personal para considerar las necesidades afectivas de los miembros del grupo como propias, necesidades que en mi propia limitación sería imposible de satisfacer, y cuya importancia es tan amplia como la mía propia, para entonces ver en su realización con otros, en su múltiple plenitud, también mi propio bien, mi alegría y felicidad. Este es el sentido del término compersión: la aceptación y alegría por los amores que sostiene mi ser o seres queridos . De hecho, la extensión de la conciencia guarda tres enfoques simultáneos de beneficios y restricciones: el que se centra en mi persona (yo); el de la otra u otras personas que asumo como propios, y el del conjunto igualmente como propio. Sería imposible entender la complementariedad si no podemos asumir los beneficios y restricciones del otro o del conjunto como propios, esto es, un proceso de construcción de identidad, primero personal y luego del yo como el otro, y del yo como grupo, para en esos estados momentáneos de conciencia, asumir también los beneficios y restricciones como cualidades de mi identidad extendida; para en esos estados y desde esas experiencias, nutrir la reflexión y el pensamiento, enriqueciendo así la visión de la relación afectiva desde los diferentes planos de conciencia. En este sentido, el término compersión, no es mera complacencia, un idealismo de un bien común, sino la experiencia en diferentes planos de conciencia, de beneficios y restricciones que experimento como propios, y desde los cuales me permito interactuar a su favor. Ciertamente, en un grupo encontraremos diferentes grados de conciencia sobre su complementariedad, que podemos también ver como beneficio y limitación cualitativa de cada uno y del grupo, pero bajo estos mismos principios, se guardan la posibilidad de una transformación positiva de las conciencias, por la acción y beneficio de unos sobre otros. Esa es finalmente la esperanza de la complementariedad al expandir por su dinámica, la conciencia en otros sobre su complementariedad.

La complementariedad no termina en la conciencia (en sus diferentes niveles), sino es sólo un punto fundamental para orientar la dinámica, la interacción entre las personas y los grupos, y en ello, la interacción de cualidades, que se manifiestan y surgen para brindarse o bien, que se disminuyen y constriñen para limitarse. Si bien, hasta ahora hemos hablado de cualidades como entidades estáticas, cabe señalar que son a la vez dinámicas, pues aparecen o surgen en el devenir de la interacción. Por eso, la conciencia al orientar la acción, impulsa o disminuye cualidades, en sus casos, con creatividad , imaginación, entusiasmo o, por el contrario, con indiferencia y oposición —No basta con que nos guste jugar domino, lo importante es el momento donde frente a frente, ponemos las fichas en la mesa— se necesita pues crear el momento, la instancia, y será en esa dinámica donde podamos nutrir el beneficio o la limitación —pues al jugar domino contigo me divierto. Las limitaciones inevitables de cualidades incompatibles pueden tener alivio en una misma o diferente relación, sí con creatividad, encontramos compatibilidad en nuevas cualidades que puedan incrementar el beneficio descubriendo nuevas fuentes que nutran la relación o relaciones, o bien, buscando en la incompatibilidad las maneras de sortear las limitaciones.

Las interacciones afectivas, por su organización, producen diferentes formas o estructuras de relación, las cuales se extienden para producir diferentes formas de vida como la monogamia, la poligamia, el intercambio de pareja, la poliamoría, entre otras. Estas formas de vida son por sí mismas una cualidad de la relación que al manifestarse aumenta o disminuye, como hemos visto, las cualidades de sus miembros al imponer su juego y sus normas. Aunque en su consideración la persona puede preferir una o otra estructura, la decisión surge desde el estado de conciencia donde se valoran los beneficios. En gran medida, el imperio de la monogamia de hoy en día, no sólo surge de la imposición de la cultura occidental (tradición judío-cristiana), sino de la limitada perspectiva de un sólo estado de conciencia a favor del beneficio personal exclusivo, de ahí la imposibilidad de procurar los beneficios de los otros y lo incomprensible de la complementariedad. Sin embargo, si los estados de conciencia se extienden al otro y al grupo (como he comentado) será difícil optar por la monogamia, para entonces preferir formas de relación abierta a varios participantes, posiblemente bajo principios de honestidad y compromiso, como plantea la poliamoría , y donde la complementariedad posibilita un abanico más amplio de beneficios.

aluilli@poliamoría.com

Lupasco, Stéphane. 1951. Le principe d´antagonisme et la logique de l´énergie . Paris. Ed. Hermann, 1987. Préface de Basarab Nicolescu. Paris. Editions du Rocher
Morin, Edgar.1977, La méthode I. La nature de la nature. Ed. du Seuil ; trad. cast. 2001. El Método I: La naturaleza de la naturaleza. Madrid, Ediciones Cátedra
Maturana, Humberto, y Varela, Francisco. 1972. Autopoiesis, De Máquinas y Seres Vivos . Santiago de Chile, Editorial Universitaria
Parash P., David and Lipton, Judith E. The Myth of Monogamy: Fidelity and Infidelity in Animals and People . 2001. New York. Henry Holt and Company LLC.
Ford, C.S.; Beach, F. 1951. Patterns of Sexual Behaviour . New York. Harper & Row
Murdoch, G.P. 1949. Social Structures. London. Macmillan

 

nosotros | mapa | política | correo | ©2005 Poliamoria SC